martes, 30 de agosto de 2011

El Dios al que le gusta jugar/ O Deus que gosta de jogar

A Einstein no le daba la gana creer que Dios juega a los dados. Pero a veces lo hace. Y otras veces juega a algo que de seguro le parece muy divertido.A mí me gusta llamarlo destino.
El único problema del condenado jueguito ese es que nosotros somos las fichas. Sí, usted y yo. Y la gente a nuestro alrededor. Lo peor de todo es que a mí no me gusta para nada el juego, porque es más complicado que el quidditch de Harry Potter: estas son las horas que no he podido entenderlo.
Pero no hace falta tampoco. Total, que es un juego de dioses...


Einstein não queria crer que Deus joga dados. Mas a vezes o faz. E outras vezes joga algo que seguramente parece-lhe muito divertido. Eu gosto de chamá-lo de destino.
O único problema do fodido jogo é que nós somos as fichas. Sim, eu e você. E a gente ao redor. O pior de tudo é que eu não gosto do jogo, porque é mais complicado que o quidditch de Harry Potter: ainda não tenho podido entendê-lo.
Mas não é preciso, também. De qualquer maneira, é um jogo de deuses...

jueves, 18 de agosto de 2011

Ataque de misantropía

¿No le ha pasado que se despierta un día deseando no ser humano? A mí sí, seguido...
Si me hubieran puesto a escoger qué animal quería ser, por más que me dijeran que iba a ser inteligente, que iba a poder emitir una gran amplitud de sonidos, que iba a caminar en dos patas y que casi no iba a tener pelo; no me hubieran convencido tan fácilmente.
Y tal vez no tanto por mí, que -modestia aparte- a pesar de mis defectos, trato de hacer lo posible por rescatar la reputación de la humanidad. Es más que todo por aquellos congéneres a los que, prácticamente, esa reputación les da igual.
Los que creen que por el hecho de haberle puesto nombre a todo, por poder recordar cosas que ni siquiera vivieron, por que se creen los únicos capaces de pensar (¡ja, engañados!) pueden saber o incluso decidir el destino de todo.
Y la verdad es que no es así. A ver, estimados congéneres, caigamos en cuenta de que sólo somos una especie más de animales (ni siquiera la más avanzada, desde el punto de vista biológico), y de que es la naturaleza la que decide nuestro destino, aunque queramos convencernos de que somos nosotros los que podemos acabar con la naturaleza.

domingo, 14 de agosto de 2011

Sin punto final/ Sem ponto final

Nosotros los raros tenemos cosas raras. Y quizás esta es una de ellas:
Hoy se me ocurrió que el signo de puntuación que más odio es el punto final. No me gustan los finales, no cuando sé que al pasar la página (o al girar el scroll) no va a haber nada más que leer.
Puedo aceptar los puntos y seguido, o los puntos y aparte. Porque siempre hay algo después. Incluso, puede que algo mejor, puede que haya algo que explique lo anterior.
Pero me da miedo el simple hecho de pensar que todo tiene un final. No importa si es una poesía de dos párrafos o una Biblia de diez mil páginas. Y, ¿sabe qué me da más miedo? No poder saber qué tan cerca estoy del punto final

Nós, os raros, temos coisas raras. E talvez esta é uma dessas:
Ocorreu-se-me hoje que o sino de pontuação que odeio mais é o ponto final.
Não gosto dos finais, não quando sei que ao passar a página (o ao girar o scroll) não vai ter nada mais para ler.
Posso aceitar os pontos seguidos, ou os pontos e aparte. Porque sempre tem algo depois. Ainda, pode ser algo melhor, pode ter algo que explique o anterior.
Mas dá-me medo o simples fato de pensar que tudo tem um final. E, sabe o que me dá mais medo? Não poder saber que tão perto estou do final