sábado, 21 de abril de 2012

La máquina más compleja

Hace una semana, para variar, me destruí el brazo izquierdo. Estoy convencido de que algún día será más cicatriz que brazo.
Pero eso me puso a pensar que es bueno que existan las cicatrices, porque si no, andaría desde hace ocho años con un hueso expuesto, y desde hace una semana sin piel. Nada de eso sucedió gracias a la magnífica capacidad de la vida de regenerarse a sí misma.
Nosotros podemos intentar inventar máquinas muy complejas, sí... Todo lo que queramos.
Pero la vida es la máquina más compleja y perfecta que existirá, y resulta que se inventó a sí misma. Y se reinventa a sí misma cada día.
La forma en que algo tan pequeño como una célula puede agarrar lo que comemos y respiramos y convertirlo en esa piel que está empezando a nacer, es sorprendente. Algo tenemos que aprender de nuestra propia vida, de nuestras propias células.
De vez en cuando es bueno dejar botada un poco de piel, para hacernos una piel nueva. Aunque quede la cicatriz. Eso nos recordará lo excepcionales que somos.