jueves, 25 de junio de 2015

En los 25 siempre llueve

Dicen que aquel lunes estaba lloviendo cuando asomé la jupa. Y de ahí en adelante, el tal veranillo de San Juan rara vez me deja celebrar en paz. Ahorita llueve. De todas formas el sol no me hace falta, yo soy más de frío y así.
A estas alturas ya casi no celebro. Un par de años como que salí por birras y sabe qué más. Eso de estudiar lo fuerza a uno a tener amigos, aunque yo siempre he sido de pocos. Y si uno no sale de Cartago, por acá nadie se asoma, pero ya que seamos de nuevo la capital...
La vigésima quinta vuelta dejó cosas curiosas para el registro. Un primer brete serio, una limpia para dejar campo a nueva gente, más tiempo con la gente más chiva y con la más chida, y el enamorarme de un país, o al menos de un pedacito de él, allá por el oeste y dando vuelta luego al sur.
La vara es que los años no son perfectos, y siempre habrá días malos. Los hubo, aunque todo depende de cómo se vea. El tiempo solo corre en una dirección, es un mal necesario. Todo eso, bueno y malo, era requisito para lo que empieza ahora.
Aparte de raro, la otra forma en la que me describo es como coleccionista de momentos. Y las canciones ayudan para eso... En estos últimos 12 meses, lo más chiva que me encontré de música fue Joyce Jonathan: